La última generación de pastores dejó estas cabañas hace menos de cien años, algunas hace menos de veinticinco, tras estar subiendo sus rebaños a pastar aquí, a Alabita, entre Gipuzkoa y Araba a 1.000 metros de altitud, durante 7.000 años.
Cuando el valor de algo como el paisaje es incalculable, lo tienen fácil los mercaderes para decir que, entonces, no se puede pagar por él, y que por tanto su valor es cero. Con esta aritmética las evaluaciones de impacto ambiental son favorables y cualquier proyecto saldrá rentable:
Pero no es que desaparezca la cultura pastoril, es que desaparece la cultura.
El trazado de la pista, que da acceso a los aerogeneradores y a los amantes de la naturaleza permite practicar la caza cómodamente con sus todoterrenos, respeta escrupulosamente el túmulo, bordeándolo por ambos lados.
Y así nos va.
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