sábado, 4 de enero de 2014

LA CULTURA PASTORIL DESAPARECE

No hace falta buen tiempo para pasarlo bien en el monte. Si tienes una cabaña, una buena cuadrilla de amigos, una cocina de leña (la "chapa" de antes), leña, cordero y vino en abundancia, lo puedes pasar de maravilla aunque fuera nieve y sople el huracán. Pero no siempre se juntan todos esos ingredientes y menos en el monte.






La última generación de pastores dejó estas cabañas hace menos de cien años, algunas hace menos de veinticinco, tras estar subiendo sus rebaños a pastar aquí, a Alabita, entre Gipuzkoa y Araba a 1.000 metros de altitud, durante 7.000 años.








Cuando el valor de algo como el paisaje es incalculable, lo tienen fácil los mercaderes para decir que, entonces, no se puede pagar por él, y que por tanto su valor es cero. Con esta aritmética las evaluaciones de impacto ambiental son favorables y cualquier proyecto saldrá rentable: 


Pero no es que desaparezca la cultura pastoril, es que desaparece la cultura.


El trazado de la pista, que da acceso a los aerogeneradores y a los amantes de la naturaleza permite practicar la caza cómodamente con sus todoterrenos, respeta escrupulosamente el túmulo, bordeándolo por ambos lados.  

Y así nos va.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Circular al Vignemale por la Moscowa. Octubre 2013

Viernes 18 de octubre de 2013. De nuevo dejamos atrás Bilbao, camino de los Pirineos. Una vez más al Vignemale. ¿Es que no hay otras montañas que subir? Esto empieza a parecer una obsesión.
El caso es que Josu no pudo llegar a la cumbre un verano de hace unos años, y a Juan le apetece repetir en compañía el corredor de la Moscowa que ya subió en solitario. Así es que nos plantamos en el albergue de Bujaruelo a las ocho de la tarde y con una luna llena que nos permite dejar las frontales en la mochila, llegamos entre vacas a dormir a la cabaña de Musales o de Zerbillonar o de Labaza, que de estas formas aparece en los mapas, un par de horas más tarde.
Salimos según amanece, desde la misma cabaña hacia el noreste en continuo ascenso. De momento la meteo acierta y el cielo se va cargando de nubes que vienen del oeste. Aunque dan posibilidad de lluvias débiles y dispersas, confiamos en la suerte y que las lluvias se queden sólo en posibilidad. Vamos subiendo siguiendo los hitos, en un par de ocasiones dudamos, pero el camino es bastante lógico y siempre acaba apareciendo algún hito.
 

La parte más empinada de la subida da paso a una zona de terrazas, ya con el circo y las placas de Labaza a la vista. Aún hay restos de nieve del invierno y son evidentes las marcas del glaciar que debió de ocupar todo el circo.


Por el oeste, de la zona de Panticosa, van llegando nubes cada vez más amenazantes.

Cuando llegamos a la zona de canchales, la previsión se confirma y empieza a llover. Enseguida es nieve, pero como moja poco y estamos ya muy arriba, seguimos disfrutando de la ascensión, ahora con ambientillo más alpino. Ya está bien de ir al monte sólo si el buen tiempo está garantizado, que al final te quedas en casa la mayoría de fines de semana.


Giramos a la izquierda, norte, y llegamos a la base de un nevero. Nos ponemos los crampones para cruzarlo y subir unas decenas de metros y ya por roca, alcanzamos la base del corredor. Bueno, lo que nosotros creíamos que era el corredor de la Moscowa. Resulta que hace unos años Juan anduvo por aquí buscándolo, ascendió a la izquierda una chimenea (el verdadero corredor de la Moscowa) y salió a una arista que no le gustó, así que bajó, volvió sobre sus pasos y buscando por la derecha, se metió en un corredor que sube directo hacia el collado de Lady Lister. 

Nosotros repetimos aquella ruta guiados por Juan, convencidos de que vamos por el corredor de la Moscowa. 


En un momento vemos a nuestra izquierda la arista con hitos que baja del Cerbillona, pero tan convencidos estamos de que el nuestro es el verdadero corredor, que consideramos la ruta original como otra variante. Esta es una de las jugadas que te hace la mente cuando te pierdes, que estás tan convencido de que vas por el buen camino, que hasta interpretas el mapa para que te encaje en tu esquema mental.

El caso es que el corredor es muy fácil, vamos superando algún bloque empotrado y ascendiendo de forma escalonada, sin más peligro que las caídas de piedras. Deja de llover y aparecen detrás el Monferrat, Gran Tapou y Pic de Milleu, cuyas caras oeste forman el circo de Labaza.


Cuatro horas después de salir, comemos algo en el collado de Lady Lister (primera mujer en subir al Vignemale, en la segunda  o tercera ascensión absoluta, en 1838, por esta misma ruta que repitió 4 días después el parisino Príncipe de la Moscowa. Leo esta y otras magníficas historias en el estupendo libro de Marcos Feliu “La conquista del Pirineo” de Sua Ediciones).  El glaciar de Ossoue aparece entre la niebla y por un momento vemos la cumbre de la Pique Longue del Vignemale, que se vuelve a cubrir. Nos orientamos gracias a las voces de alguna cordada que baja, cruzamos el glaciar y llegamos a las rocas de la base de la cumbre en menos de media hora. 


Y después de varios años y peripecias vitales, por fin nos abrazamos con Josu en la cumbre. En 2007 Juan y yo subimos por la Norte clásica y quedamos con Josu, que subiría desde las Oulettes de Gaube por la ruta normal, en la cumbre. No pudo llegar en aquella ocasión. Seis años después, aquí estamos los tres.


Basta de sentimentalismos. El tiempo, aunque se preveía mejoría, sigue cerrado. Bajamos a buen ritmo por el glaciar, por el camino de la ruta normal y enlazamos con el GR 10 que nos baja hacia Gavarnie. 

Toda la hierba tiene un color que me llama la atención, de un amarillo metálico pero sin brillo. Dice Josu que este mismo color lo ha visto en Islandia y en las llanuras de Mongolia. La altitud hace aquí las veces de la latitud; creo que el primero que dio rigor científico a estas observaciones fue Alenxander von Humboldt a principios del siglo XIX, durante su exploración de América del Sur y sus ascensiones a los volcanes de Ecuador, como el Chimborazo. La concepción de la naturaleza como un todo, en el que todas las especies y ecosistemas se interrelacionan entre sí, con el clima, la geología, la geografía... se la degemos a él.



Y tras pasar por las Oulettes d´Ossue, cruzamos la presa del pequeño embalse y subimos hacia el sur para dormir en la cabaña de Lourdes, donde llegamos en cinco horas desde la cumbre. Todavía es confortable, o al menos limpia. Hay unas literas de chapa metálica y conserva las puertas y ventanas. Pero está demasiado cerca de la pista circulable que desde Gavarnie llega hasta la presa de Ossue y me temo que cualquier día, en un botellón, los destrozos y la basura la hagan inhabitable.


Al día siguiente, aunque dijeron que haría bueno, sigue haciendo el mismo tiempo. Salimos en dirección sur, por el valle de la Canau hacia el puerto de la Bernatuara.


En una hora alcanzamos el primer collado a 2.336m. Tras él, como en un cráter volcánico, el ibón de Bernatuara y al otro lado, un nuevo collado de 2.275m.


Y en bajada continua por el barranco de Sandaruelo, alcanzamos el camino que baja desde el puerto de Bujaruelo hasta el Albergue, donde llegamos dos horas después, cerrando esta vuelta circular al Vignemale.


Circular al Peña Vieja por la Canal del Vidrio. Octubre 2013

Por fin viernes, 11 de octubre de 2013. Toda la semana trabajando y llueve a mares en Bilbao. La previsión del tiempo es que irá mejorando durante el fin de semana, antes en el interior que en la costa. No aguanto más; una llamada al estupendo Albergue Briz de Espinama http://www.alberguebriz.com/  (de verdad, un sitio estupendo, barato, limpio, cómodo, trato inmejorable de esta familia y un desayuno para reventar a un precio mejor que módico) y salimos a las seis de la tarde rumbo a los Picos de Europa. Para las nueve ya estamos instalados, pero las nubes siguen agarradas a las cumbres.
No hay prisa a la mañana siguiente. Ha hecho una noche rasa y ha helado. Cielo azul. El teleférico (1.078 m) no abre hasta las diez. No es que sea un horario muy montañero, pero el que no quiera esperar, puede subir por la Canal de la Jenduda o por el Camino del  Hachero y endosarse casi 800 metros de desnivel para empezar el día. Nosotros hoy, esperamos.

De la estación superior (1.834 m) tiramos hacia la Horcadina de Covarrobres (1.925 m) y por encima de Áliva, bordeando los paredones de Peña Olvidada y la base del Espolón de los Franceses del Peña Vieja, vamos en suave descenso hacia el inicio de la Canal del Vidrio. Caminamos por la ancha pista por la que circulan los todoterrenos (sí, en pleno Parque Nacional) que hacen de taxis entre El Cable y el Hotel de Áliva, con el Macizo Oriental y las Cumbres Avenas a nuestra derecha.


Hacia los 1.750 m, más o menos enfrente del Chalet Real, para no perder altura abandonamos la pista y continuamos por sendero, siempre hacia el sur, hasta las pedreras de la base de la canal, por encima de la mina de blenda de Las Mánforas (en realidad, el nombre original debió de ser La Almanzora, después llegaron los cartógrafos y la toponimia… pero esa es otra historia). Visto desde lejos, no se adivina el camino en esta parte de la Canal del Vidrio y hasta parece imposible que lo haya, pero como a menudo pasa en el monte, según avanzas el camino surge bajo los pies y lo que parecía muy escarpado o incluso vertical, resulta ser más tumbado.

De la mina, que dio los mejores cristales de blenda de color rojo rubí del mundo, sólo quedan las ruinas de los barracones y la explanada blanca con los escombros del lavadero de mineral.
Al parecer, la configuración actual de esta parte de la montaña y de la Canal del Vidrio, es fruto de la “explosión Kachinsky” por un mal día que tuvo en 1950 el ingeniero de la mina, que le dio por prender la mecha a dos toneladas de dinamita. Pero de nuevo, esto de las minas es otra historia para leer aquí:http://www.espinama.es/historia/mineria1.html


   
El camino es lógico y bastante evidente si tomamos la precaución de ir siempre arrimados a la pared de la izquierda. Pasados los restos de una vieja instalación minera, aparece una tentadora repisa hacia la derecha, con restos también de lo que debió de ser un pasamanos. Pues no es por ahí, hay que seguir pegaditos a la izquierda. Doy fe de que si se intenta subir por ahí, se corre un serio riesgo de enriscarse (pero esa, de nuevo, fue otra historia).
   

 Subimos hacia unos grandes desplomes, donde aparecen unas bocaminas, y el camino gira a la derecha, pierde inclinación, pasa por las ruinas de una cabaña y bordeando el escarpe sale ya a terreno herboso y despejado. Hasta aquí desde El Cable tardamos algo menos de dos horas.


Ahora ascendemos en dirección oeste, por las zetas que traza el camino al principio, y luego siguiendo los hitos. En otras dos horas llegamos a la cumbre del Peña Vieja. A nuestra derecha queda el cordal de Juan de la Cuadra , con la aguja de La Garmona. Detrás, al este, queda el Macizo de Andara, con su cima más alta, la Morra de Lechugales. Pronto aparecerá el mar a nuestra derecha.


Y de frente podemos ver el Collado y la aguja La Canalona, por donde pasaremos a la bajada de vuelta a El Cable. Los Picos de Santa Ana a la derecha y todavía, en el mes de octubre, restos de nieve del excepcional invierno pasado.  Estamos en la base de la pirámide que forma la cumbre del Peña Vieja.


 Eligiendo bien nuestro camino, podemos evitar la mayor parte del terreno descompuesto y las incómodas pedreras. 
 Desde la cumbre (2.617 m) hacia el oeste, tenemos una buena parte del Macizo de los Urrieles bajo la mirada; a la derecha de la imagen la Torre de los Horcados Rojos, casi en línea el Pico Tesorero con nieve en la base y justo a su izquierda, más lejos, la Peña Santa de Castilla, cumbre más alta del Macizo del Cornión. En el centro están el grupo de cumbres del Llambrión y a la izquierda, un poco más lejos, la Torre del Friero. Comemos algo en compañía de unas confiadas chovas y como sopla algo de viento, disparados para abajo. En otras dos horas llegamos al teleférico.

Desde el Collado de la Canalona echamos la vista atrás para ver la cima del Peña Vieja. Se aprecia el sendero por el que hemos subido de la Canal del Vidrio y que, de izquierda a derecha, atraviesa las pedrizas del tercio inferior de la imagen.



Al día siguiente estamos cansados. Subimos en coche a Fuente De y por la pista que va a los Altos de Valdeón y Cabén de Remoña, ascendemos en sólo 500 metros de desnivel hasta Campodaves, a los pies de Peña Remoña y con el circo de Fuente De, El Cable y Peña Vieja enfrente.


Este es un bonito paseo para aprovechar la mañana cuando estás roto o para hacer con críos o gente poco andarina. Haciendo una ruta circular, volvemos por el precioso bosque de hayas de Monte Quebres, cogiendo el sendero que sale tras la alambrada, muy cerca de la cabaña de pastores.   



LA CULTURA PASTORIL DESAPARECE

No hace falta buen tiempo para pasarlo bien en el monte. Si tienes una cabaña, una buena cuadrilla de amigos, una cocina de leña (la "c...